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Nuestro destete: 3 años de lactancia

Hace un tiempo compartí nuestra historia de lactancia, que fue para mi una montaña rusa de satisfacciones, dolor, plenitud y frustración, pero de ella hoy solo rescato lo muy poderosa que me sentí y lo felices que fuimos. A pesar de todo, con mayor o menor dificultad, logramos superar todas las dificultades que se nos presentaron en el camino y eso me dejó con un tremendo sabor a victoria.

Es esta oportunidad, quisiera contarles acerca de nuestro proceso de destete, el cual fue muy largo y para mi forma de sentir, muy respetuoso tanto con mi hija como conmigo misma. Les recomiendo leer nuestra historia primero, para que les sirva de contexto a lo que contaré a continuación.

Debido al gran dolor que estaba sintiendo luego del cambio de mi anticonceptivo, donde al parecer las hormonas me mostraron más claramente que había un problema que resolver, sin darme cuenta, comencé a evitar las tomas durante el día. Hasta ese momento, mi hija de casi 2 años, tomaba aún a libre demanda. Ella ya comía sus comidas bastante bien, así que tampoco eran tomas tan seguidas, pero podrían haber sido unas 4-5 tomas de día, sin contar las de la noche.

Todas me dolían, por lo que cuando ella me pedía, yo le ofrecía una fruta, o ir a jugar a la plaza, o en realidad lo que en ese minuto se me ocurriera para distraerla. A veces aceptaba de buena gana, otras veces se enojaba mucho y se daba cuenta que en el fondo le estaba negando lo que ella tanto quería. Por mi parte sentía algo de culpa, pero a la vez quería ser respetuosa con lo que yo estaba sintiendo y la verdad no la estaba pasando nada de bien, ya que hace un tiempo sentía agitaciones, lo cual es emocionalmente muy complejo de llevar.

Estuvimos creo que 1 mes en esa dinámica y las tomas diurnas cayeron en el olvido: ella ya no me pedía tomar más que para su siesta de medio día y yo contaba ahora con más herramientas para calmarla o entretenerla que antes. La verdad, esta parte del destete fue bastante simple y se dio rápido, como dije, casi sin darnos cuenta. Para cuando solucioné mi tema en cuanto al dolor (resultó ser micosis) ya ella se había destetado de día.

Luego de esto, nos quedaba una toma apenas despertaba, la de medio día, la toma para dormir en la noche y manteníamos la libre demanda en la noche (unas 2 tomas más). Seguí con la toma que iniciaba el día, que también fue fácil, por que a ella le gusta mucho desayunar, así que apenas despertaba y me pedía, yo la invitaba a comer algo rico. Tenía siempre disponibles sus frutas favoritas y otras cosas que le gustaban. En un par de días ya no pedía pecho al despertar. Para ese entonces ella ya tenía 2 años.

Luego de unos 3 meses, cuando ya esos procesos se habían consolidado bien, decidí empezar a suspender las tomas de la noche, conservando solo la toma para hacerla dormir. Esta etapa fue más difícil y para mí más culposa, pero sentía que lo necesitaba y que ella ya estaba lista para poder encontrar consuelo en medio de la noche con abrazos, cariño y sobre todo, integrando más a su papá a ese momento.

Hablé con ella y le expliqué que las “mamamas” (así ella les decía a mis pechugas) estaban cansadas, que necesitaban dormir y que esta toma de la noche sería la última, hasta el otro día. Si ella despertaba en la noche ahí no iba a poder tomar, pero sí nos podíamos abrazar, o dar besos y que si le daba pena y rabia, podía abrazar al papá que también la iba a estar acompañando. Ella se mostraba enojada cuando yo le decía esto y me decía con el ceño fruncido “No, ¡no me digas nada!”.



Durante unos 2 semanas despertaba 1 o 2 veces en la noche y me pedía. Yo me mantuve firme y tal como lo hablábamos cada noche, le hacía cariño y la trataba de abrazar para volver a conciliar el sueño, pero ella estaba enojadísima conmigo, no aceptaba nada de eso y lloraba con rabia, se daba vuelta, me daba la espalda y abrazaba a su papá. Yo sentía pena y culpa, no les voy a mentir, pero sentía a la vez que era algo que yo necesitaba luego de 2 años de una entrega tan total, necesitaba dormir un poco mejor y sobre todo, necesitaba que el vínculo entre ella y su papá se fortaleciera en situaciones que requerían de descanso y consuelo y dejaran de recaer siempre en mí.

Poco a poco su llanto comenzó a ser menos largo. Ya no se sentía como un llanto de rabia sino más bien de frustración y yo abrí mi corazón a esa legítima protesta, mal que mal, este era un duelo para ambas, de un proceso necesario, respetuoso, pero duelo al fin y al cabo. Cerca de sus 2 años y 4 meses dejó de despertar de noche para pedir pecho, la rabia y pena se disipó y todo volvió a la calma. Despertaba, pero solo se pasaba de su cama (que está pegadita a mi lado) a la nuestra, se abrazaba a mí y se volvía a dormir en seguida.

Ahora solo nos quedaba la toma de medio día y de dormir por la noche.

Yo con estas dos tomas me sentía bien, aún las disfrutábamos, así que descansamos unos meses del proceso. Cuando ella tenía 2 años y 10 meses aproximadamente, sentí que era un buen momento para intentar otra manera de conciliar el sueño por la noche, ya que debido a que ya su cuerpo pesaba mucho más que antes, me resultaba difícil acostarla ya dormida luego de esa toma sin que despertara, se enojara mucho y tuviéramos que empezar todo de nuevo. Este proceso fue muy largo. Tomó casi 1 mes donde casi cada noche me pasaba 1 hora o más tratando de acostarla en su cama y poder aprovechar un par de horas para mí y mis cosas. Me sentía frustrada y me daba mucha rabia ahora sentirme irreemplazable, ya que no lograba conciliar el sueño nocturno con el papá de ninguna manera.

Fue agotador. Yo me sentía sin herramientas y ella, que siempre ha sido bastante rutinaria y un poco inflexible, se mostraba aún menos abierta a tranzar. Hubo muchos llantos, peleas, cansancio. Un día se me ocurrió probar con un elemento nuevo y a ella le pareció tan interesante y divertido que todo se dio muy simple: calentamos una bolsita de semillas en el microondas (como un guatero) y yo le iba calentando el cuerpo de los pies a la cabeza nombrándole las partes del cuerpo y tapándola, así quedaba acostaba y abrigadita, luego le pasaba la bolsita y ella se abrazaba a su bolsita, a su peluche favorito y ya relajada se iba quedando dormida. En ese rato yo me mantenía a su lado, y le daba golpecitos rítmicos en la espalda haciendo “sh, sh, sh”. Pasaban unos 10 minutos y ya se había dormido. ¡Lo logramos! Muy pocas veces me decía “pero yo quiero mamama…” y yo otra vez le explicaba que era de noche, que ya estaban muy cansadas, que mañana en el día podía ser. Se enojaba un poco, pero lo aceptaba bastante bien y con nuestra rutina de la bolsita de semillas seguíamos adelante.

Ahora solo nos quedaba una toma, la de medio día, con la que dormía la siesta. Ella ya tenía 3 años y yo recién caía en cuenta que nuestra lactancia estaba terminando. Me inundaron muchos sentimientos, pero sobre todo melancolía, de esa bebé que ahora era una niña, de esa bebé que alguna vez estuvo el día entero colgada a mi pecho y ahora tenía comidas favoritas y juegos entretenidos, que ahora se quedaba dormida casi sola, que en medio de la noche se pasaba a nuestra cama y yo muchas veces ni cuenta me daba. El destete dio pie para que yo sintiera que mi bebé estaba desapareciendo y se estaba convirtiendo en una niña grande, sana, independiente y llena de energía. Esto último, su energía, marcó la pauta para el siguiente paso; por mi parte esos sentimientos me hicieron sentir abrumada y no quise dar el paso a eliminar la única toma que nos quedaba. Lo dejé en sus manos y me propuse permitir que se diera cuando ella así lo quisiera: cuando ella estuviese lista.

Llegaba del jardín menos cansada, su siesta que antes era a las 2 de la tarde ahora ya podía ser a las 3 o a las 4 y que si estaba muy entretenida, podía saltársela, siesta que antes no perdonaba nunca. Me di cuenta que ya no era ella la que decía “quiero dormir”, sino que era yo la que la invitaba “a dormir con la mamama”, frente a lo cual ella muchas veces respondía muy contenta que sí y otras veces me decía “pero juguemos primero y después mamama”. Comenzó a mostrarme que ya no lo necesitaba como antes, que tenía más energía, que la siesta ya casi no le hacía falta. Yo la dejé a ella marcar la pauta, dejé de ofrecerle el pecho a esa hora y la seguí en sus juegos.

De una semana a otra, dejó de dormir siesta, nuestra última toma fue cayendo en el olvido, se desprendió de nuestra rutina y se volvió un recuerdo. Un recuerdo que atesoro con el alma, porque fue una de las etapas más lindas que hemos vivido, de mayor conexión e intimidad, de sentirme más todo terreno, de sentir a mi cuerpo más sabio y sano que nunca, de sentir a mi cría mamífera y protegida, de sentirme yo mamífera y poderosa.

Me hace feliz saber que ella aloja en su memoria y en su corazón, nítidamente tal como yo, lo lindo que fue. Que lo tiene muy normalizado, que sabe que su mamá trabaja “con bebés que les cuesta hacer mamama” y disfruto locamente, como reafirmación de victoria, cuando me pregunta para qué sirven los tetes y mamaderas, los cuales nunca usó. Mientras yo de niña jugaba con muñecas a darles la mamadera, ella se pone sus muñecas al pecho con tanta naturalidad que todas las dificultades que tuvimos ahora son lejanas y borrosas.

Hoy ella tiene 3 años y 3 meses, ya no duerme siesta a menos que se duerma en la silla del auto. Seguimos con la rutina de hacerla dormir de noche con la bolsita de semillas que le encanta, se pasa a nuestra cama y se duerme enseguida, come muy sano y variado, es muy independiente, muy extrovertida, muy segura de sí misma, con un tremendo carácter, habla muchísimo, prácticamente nunca se ha enfermado y tiene tanta energía que muchas veces se me hace imposible seguirle el ritmo.

Espero que esta, nuestra historia de destete, sirva para quienes se encuentren en este proceso o imaginándolo y sepan que si bien es un proceso que moviliza muchas emociones, puede ser algo lindo, respetuoso, trabajado y un gatillante a un tremendo crecimiento mutuo.

Esta fue nuestra última toma. Un presentimiento me dijo que lo sería y qué suerte que saqué una foto de este momento 💕

 

¡Dulces y largas lactancias para todxs! ☀☺

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Comentarios

Jael Bitran A.
Mamá de Renata. Vegetariana hace 16 años. Psicóloga. Asesora de lactancia Edulacta. Amante de las manualidades, la lluvia, la naturaleza y el chocolate. Tremendamente apasionada por los procesos de gestación, parto, lactancia y crianza. Enemiga acérrima de la violencia obstétrica y los mitos sobre crianza y lactancia. Amamantando felizmente “hasta que las velas no ardan”.

4 thoughts on “Nuestro destete: 3 años de lactancia

  1. Que emocionante historia… Muchas gracias por compartirla 🙂
    Y gracias por toda la información y orientación contenida en esta página, es de excelente calidad.

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