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El lado oscuro de la lactancia – Parte 1

“Ojalá tengas leche”, “Espero que no te duela tanto como a mí”,  “Yo lo que más quería era amamantar a mi guagua, pero no se pudo”.

Muchas gestantes reciben ese iniciático baño frío.  El duchazo de la duda respecto de su cuerpo y su capacidad de amamantar a su bebé una vez llegue a sus brazos.  Algunas lo escuchan después del parto, en ese momento tan delicado y hermoso como vulnerable; acaban de reunirse con este pequeño ser y parece que antes que puedan dar el primer paso, las inseguridades les hacen una zancadilla.  La primera de muchas que vendrán.

La lactancia esta rodeadísima de mitos.  Resulta tan impresionante analizarlos, que me pregunto cómo es posible que hayan llegado tan lejos, cómo transitan de boca en boca, por años de años.  ¿Cómo puede ser que tantos mitos, el grueso de ellos realmente absurdos, perduren y tengan tanta fuerza?  Y luego me respondo, sin mucha dificultad: gracias al miedo.  Hay pocas cosas que movilizan tanto como el miedo.  Si le sumamos a eso el desconocimiento, ya está, tenemos un flamante mito.  ¿O no les parece aterrador que una pequeña vida recién llegada dependa al 100% de nuestra leche y ésta no se produzca nunca o de un momento a otro, como si de una maldición se tratase, deje de salir?  Aterrador.

En este post, me adentraré en los mitos, desactualizaciones, malas prácticas, malos consejos y falta de información que, tristemente, enmarcan tantas historias de lactancias frustradas.  Como referí, es un universo casi infinito.  Para escribir esta columna, me ayudé de las experiencias de muchas mujeres pidiéndoles que me mencionaran los mitos más locos, absurdos y reiterados que les haya tocado escuchar y estuve una hora leyendo sus comentarios.  UNA HORA.
Debido a lo complejo que es recopilar esa cantidad de información, me permitiré editar esta entrada cada vez que me tope con otro mito que amerite ser expuesto y derribado.  Y bueno, aquí vamos…

“La leche, luego de los 6 meses/el año, es agua/suero y ya no alimenta”

Un tajante no.  La leche es leche siempre.  Al comienzo es calostro (leche también) pero cargada de los nutrientes que necesita un recién nacido.  Luego de esto producimos leche de transición, algo así como mitad calostro mitad leche madura, para luego comenzar a producir leche madura.  La leche materna está viva, y cambia según las necesidades de la cría: a veces tiene más grasas, otras más proteínas, etc.  Con el paso del tiempo, cuando los bebés crecen, cada vez necesitan más calorías, por lo que nuestra leche, muy al contrario de lo que predica el mito, lejos de transformarse en agua, se torna cada vez más grasa.

– “Durante el embarazo debes preparar tus pezones para amamantar”

Un clásico. Durante muchos años, muchas mujeres se han raspado, masajeado, tironeado, pellizcado, lubricado y enroscado los pezones para prepararse para una lactancia que asusta por lo terriblemente dolorosa que se supone que resultará de no hacerlo. Muchísimas mujeres, tan pronto se han enterado del embarazo de una amiga, apenas después de felicitarla, como una advertencia, sentencian “empieza a prepararte los pezones desde ya”. He visto tutoriales en youtube de mujeres en los que se pasan un cepillo de dientes por los pezones, hasta una virutilla vi una vez. NO, NO, NO. No necesitas torturarte manipulando tus pezones para amamantar nunca, ni antes del embarazo, ni durante, ni después. Deja tus pezones en paz. Manipular los pezones durante el embarazo pudiera incluso provocar contracciones o acelerar tu trabajo de parto. Así como tus ojos están preparados para ver, tus piernas para caminar, tu estómago para digerir, tus pezones lo están para amamantar desde el inicio, ¡para eso son!. La clave para una lactancia sin dolor es un buen acople al pecho, que el bebé posicione su boca tomando no solo el pezón sino también parte de la areola y succione con sus labios herméticamente cerrados, con la boca lo más abierta posible en forma de pescadito. No sé por que tantas se empeñan en prepararse los pezones para amamantar, cuando lo más importante es preparar la mente y el alma para la mayor entrega de amor de tu vida. Nuestros pezones vienen listos de fábrica.

– “Debes amamantar a tu guagua cada 3-4 horas, durante 10-15 minutos por pecho”.

Un clásico, que incluso médicos y matronas siguen difundiendo.  Esos tiempos son totalmente antojadizos.  El pecho se da SIEMPRE a libre demanda.  Eso es cada vez que lo estimemos, cada vez que el bebé llore, cuando creamos que tiene frío o calor, luego de que despierta de su siesta, para dormir, cuando no sepamos muy bien qué le pasa.  Primero que todo, el pecho no es sólo hambre, sino también sed, calor, amor, seguridad, cobijo.  Es mamá.  Al amor no se le limita ni se le ponen horarios.  Siempre que tu bebé quiera pecho lo tomará, si no, no lo tomará o lo soltará.  Debe ser tu guagua quien marque las pautas, siempre.  La única forma de saber que estamos alimentando apropiadamente a nuestro bebé es dejando que él/ella nos lo pueda indicar con sus signos de saciedad, es decir, rechazando o soltando por sí solo el pecho.  Hay bebés que solo con un pecho quedan satisfechos, mientras otros necesitan de los dos.  En días de calor los bebés necesitan tomar muchas más veces, tomas cortas, para hidratarse.  Cuando están enfermos o por enfermarse, tienden a tomar mucho más seguido.  Cuando tienen fiebre, necesitan tomar más frecuentemente.  Cuando están muy divertidos, a veces olvidan el pecho por horas.  Es tan relativo, que lo único que nos puede guiar son ellos mismos, así que ¡chao horarios!  No sirven de nada, perjudican tu producción y además, esclavizan un montón.  Mientras antes dejes de mirar el reloj, antes comenzarás a disfrutar de tu lactancia.

– “Lo que comes puede hinchar/provocar cólicos a tu guagua”

La leche se compone de muchas cosas, pero algo que nunca encontraremos en ella es gas.  Los gases nunca pasan a la leche.  Sólo lo que pasa a la sangre pasa a la leche, es decir, nutrientes y tóxicos.  Los sistemas digestivos de la madre y su bebé son distintos e independientes, por lo que si una comida nos resulta flatulenta, es un fenómeno que ocurre en nuestros intestinos, y los gases, al no poder pasar a la sangre, tampoco lo harán a la leche.  ¡Así que podemos comer de todo!  Incluyendo legumbres, repollo, bebidas, agua con gas, palta, chocolate, ajo.
* Solo hay 2 excepciones, en las que no puedo detenerme por ahora, pero invito a investigar a quien se encuentre interesado: la alergia a la proteína de la leche de vaca (APLV) y la alergia alimentaria múltiple (AAM), que dicho sea de paso, se presentan junto a otros síntomas bastante más decidores que los gases.

– “El calostro no alimenta, el bebé necesita alimentarse de leche”

Este mito me parece horrible.  El calostro ha sido llamado oro líquido, por su tremendísimo valor protector y nutricional.  El calostro es leche, y es la mejor leche que puede recibir un recién nacido.  Podríamos compararla a una excelente vacuna que inmuniza a nuestro bebé tras su encuentro con el mundo fuera del útero.

– “La fórmula es igual de buena que la leche materna”

Siento herir susceptibilidades, pero es un no rotundo.  La leche de fórmula fue creada para las situaciones en que (realmente) no es posible amamantar a un bebé, y ha salvado vidas, eso es innegable.  Pero la leche materna es un fluido vivo: Producido por una misma mujer, varía su composición según el día, el momento del día, los patógenos que la circundan, un primer bebé y un segundo, según las necesidades del bebé en cada etapa, entre muchos otros factores.  Si la madre se enferma de un virus respiratorio, por ejemplo, producirá anticuerpos y los transmitirá a través de su leche a su hijo, para evitar que éste enferme o enferme de manera mucho más leve.
La leche materna es leche humana, producida para cachorros humanos y sus nutrientes se encuentran en las cantidades y calidades que le corresponden a nuestra especie.

– “No toma leche, te usa de tete”

Eso se llama succión no nutritiva y es fundamental para estimular el pecho y para producir leche. La naturaleza es sabia, y de esta succión se benefician ambos, ya que la madre recibe la estimulación necesaria de sus pechos y el bebé succiona, lo cual es una necesidad biológica y protectora frente al síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL). No olvides que los pechos existen desde muchísimo antes que el tete, es decir, tu guagua una el tete en reemplazo del pecho, no el pecho como tete.

– “Si debo tomar algún medicamento, debo dejar de dar pecho/destetar/sacarme leche y botarla”

Otra vez no.  La gran mayoría de los medicamentos de uso habitual son compatibles con la lactancia materna. Muchos médicos no saben acerca de lactancia y por ponerse el parche antes de la herida recomiendan dejar de amamantar, no hacerlo por algunas horas o incluso destetar (así, como si fuese lo más simple y accesorio…). Antes de insegurizarse o hacer caso a esas indicaciones antojadizas, las invito a entrar en www.e-lactancia.org, una web completísima y muy clara, creada por médicos y actualizada constantemente, que trata sobre compatibilidad de los medicamentos, hierbas y otros tratamientos con nuestra lactancia.


… Continúa leyendo mitos en la El lado oscuro de la lactancia – Parte 2.

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Jael Bitran A.
Mamá de Renata. Vegetariana hace 16 años. Psicóloga Perinatal, Asesora de lactancia materna Edulacta. Amante de las manualidades, la lluvia, la naturaleza y el chocolate. Tremendamente apasionada por los procesos de gestación, parto, lactancia y crianza. Enemiga acérrima de la violencia obstétrica y los mitos sobre crianza y lactancia. La lactancia de 3 años y 5 meses de mi hija como uno de los caminos más lindos que he recorrido.

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